Lo que más odio son los domingos sin ti. Porque los otros días, con lo duros que resulten, todavía son pasables. Vas a clase, hablas con la gente, recoges, estudias, tomas algo, comes, cagas, te duchas, te metes en Internet… Vamos, que se puede sobrevivir.
Pero los domingos son lo peor. Es levantarse por la mañana y todavía poder tocarte y olerte. Poder poner la cabeza, una mano o una pierna encima de ti. O simplemente tumbarme hasta aplastarte. Poder escuchar tu respiración y tu pulso. Poder sentir todo tu cuerpo con mi boca, mis brazos, mis pechos; poder sentirte muy dentro de mí. Poder susurrarte cosas al oído, escuchar tus tonterías y reírme como una niña pequeña. Que me hables en japonés o que te hable yo en vietnamita. Que tengamos conversaciones de las manos poniendo a la vez la voz de culo. Que veamos películas, que echemos una siesta o que no hagamos absolutamente nada.
Luego, ducharme contigo. Que me cubras entera de jabón mezclado con tus besos, y mis besos, y tus manos acariciando mis pechos, mis manos, mi espalda y mi pubis, tu pelo, mi pelo, tus ojos cerrados, mi respiración, tu pulso, mis piernas, tú medio excitado, mis brazos para tus abrazos; dos cuerpos desnudos transformados en uno bajo el agua.
Después viene el desayuno variado; éste ya no es nuestro, es tuyo y mío. El tuyo consiste en la leche que te caliento y a la que echas el Nesquik, acompañada por las galletas con chocolate o por unas cuantas tostadas con mantequilla (que en este caso es margarina, ya que en mi casa no hay mantequilla). ¡Qué típico desayuno español, sí señor! El mío, en cambio, es uno de estos que dices “qué asco, cómo puedes comer esto por la mañana”. Mi desayuno consiste en un té negro sin azúcar y un par de tostadas con bocadelia o con pavo y queso. ¡Menuda guarrada! Pones carita de asco y ni quieres mirar lo que como, y yo me río. Me río porque tú, tonto, no puedes ni imaginar lo que se puede llegar a quererte.
El momento se va acercando. Al hacer la mochila dejas la toalla todavía mojada en mi habitación “para la próxima vez”, miras a ver si no se te ha olvidado nada, coges los billetes y nos vamos para la estación. Los dos más que tristes, pero intentando disimularlo, riéndonos y disfrutando de los últimos momentos juntos.
Todavía quedan unos 10 minutos para que salga el bus. ¿Quieres sentarte? ¿Qué que voy a hacer hoy? Pues no sé, todavía me faltan un par de prácticas por entregar… ¿tú? Nada, iré a cenar con… Heyy, pero no llores eh, que nos vamos a ver el jueves. Ya lo sé, lo siento. No llores por favor, que no puedo irme si estás así. Así, ¿cómo? Así de hundida. No llores, te quiero mucho. Y yo a ti. Quieres que esta noche… No me preguntes cosas evidentes, y anda, vete subiendo ya. ¿Estás bien? Estoy bien, eres lo que más quiero. Y yo… Nos vemos el jueves, ¿vale? Te quiero.
Lo que más odio son los domingos sin ti.
domingo
jueves
martes
del mundo rojo carmín

aunque no me mires con reproche, siento que me piensas con reproche.
¿qué pasa?
yo no he sido, son todo los cerebros que inventan promesas.
para luego tener que inventar excusas.
las promesas son muy fáciles de reconocer. les gusta ir descalzas, pero eso sí, llevan un vestido morado muy mono y se pintan los labios de rojo. recogen la lluvia en los bolsillos de sus vestidos (los bolsillos no son muy grandes, pero la lluvia suele caber), la mezclan con cola-cao y la beben con traguitos pequeños. las promesas caen bien, pero son algo raritas, escuchan pero no oyen, o a veces incluso al revés.
las excusas se pasan el día en la biblioteca cotilleando. llevan gafas de estas que ahora se han puesto de moda y odian a hello kitty. tampoco les gusta el internet y la gente que hace ruido con sus tacones. son muy pedantes y les gustaría haber vivido en los años 60.
yo hace mucho tiempo que no me encuentro con promesas.
es porque todos somos demasiado realistas.
domingo
hace calor

ya es sábado. el taxista que me ha llevado a casa era un tanto rudo;
me hablaba de unos "gilipollas" y yo le sonreía. tendrá sus motivos para ser como es;
estará feliz viendo un pártido de fútbol con una lata de cerveza en la mano;
estará disgustado levantándose temprano por las mañanas y encontrando vacía la lata de café;
al final del día olerá a sudor, coche y tabaco como la mayoría de los hombres.
a mí no me importa.
la españa que yo estoy buscando es "standstill".
me hablaba de unos "gilipollas" y yo le sonreía. tendrá sus motivos para ser como es;
estará feliz viendo un pártido de fútbol con una lata de cerveza en la mano;
estará disgustado levantándose temprano por las mañanas y encontrando vacía la lata de café;
al final del día olerá a sudor, coche y tabaco como la mayoría de los hombres.
a mí no me importa.
la españa que yo estoy buscando es "standstill".
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